viernes, 15 de julio de 2011

La comida

Hoy esta lloviendo, me encuentro a mi mismo acostado en mi lecho sin pensamientos en mi mente y sin razones para levantarme. Miro por la ventana y lo único que veo son las miles de gotitas frías e inmóviles, igual que yo sin nada que hacer, las miro porque me recuerdan a mi mismo en estos momentos pequeñas unidades fragmentadas que al juntarse caer por su peso. Siento pasos acercándose por el pasillo, debe ser mi madre que viene a avisarme que el almuerzo esta listo, lo se por el olor a caldo en el aire y por lo lento de los pasos. Me golpea la puerta.
Esta listo, ven a comer - me dice a través de la madera de la puerta.
No le respondo no hay razón para hacerlo. Mi madre tan buena y tan tonta como una roca. Me gustaría poder ser como ella así de feliz lavando y limpiando todos los días, destrozando canciones al andar, ser así tan inocente preocupada de lo que los vecinos dirán y de que la amen lo suficiente fue quizás esa la razón de que acabara como termino, solo hicieron falta un par de palabras lisonjeras de un hombre pobre e inútil para conquistar su tierno corazón. Ahora ese hombre yace en alguna acera de la ciudad mendigando por algo que comer, a veces me lo encuentro y e suplica que lo deje venir a casa.
Recuerdo un día en que el calor era sofocante y yo me dirigía a visitar a unos amigos, el estaba en un puente, me vio cruzando y me pidió un vaso de agua. Le dije que podía beber mas que un vaso que tenia el río a un lado. El intento lanzarme una cachetada pero fue fácil quitármelo de encima, puede sentir sus costillas a través de los trapos que vestía, cayo al suelo y solo le dije que sentía vergüenza de el, y le lance un escupitajo, recogí mi saco que se había caído en la confusión, me limpie el zapato con la parte posterior de la pierna contraía y me fui sin mas.
Creo que esa fue la ultima vez que me lo encontré.
Mejor voy a comer antes de que se enfrié.

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