histoires courtes, des anecdotes fou et la première chose qui m'a traversé l'esprit
domingo, 31 de octubre de 2010
Capitulo Tres
EL COMIENZO
- Después de despejar mi mente volví a entrar a la sala, supongo que la mejor manera de empezar una historia es por el principio, tome uno de mis viejos bolígrafos y con una media sonrisa en los labios comencé mi historia:
- Como conocí a Laura esa es una larga historia recuerdo que caminaba por el centro de Santigo sin rumbo pensando como lograría terminar uno de esos cuentos de terror gracias a los que vivo, en la editorial estaban hartos de mis constantes retrasos y en una semana seria mi fecha limite y ni siquiera había comenzado a escribir.
supongo que pasaba por uno se esos momentos en que tu mente se cierra y se te acaban las ideas. Decidí descansar un rato en la plaza de Armas, era un día de julio de esos en los que parece que no amanece, las nubes amenazaban con romper a llover de un momento a otro pero sin embargo eso no sucedió si no que por extraño que parezca un sol brillante y rojo entibio mi muerta cabeza mire sin saber que pensar y entonces la vi era el ser mas extraño que hubiera visto antes no perfecto quizá ni siquiera hermoso pero tenia algo extraño algo que me causaba una intriga insospechada. Caminaba de manera descuidada como si en cualquier momento se fuera a desplomar, llevaba tantos paquetes sobre los brazos mientras trataba mantener el equilibrio pero aun así tenia los grandes ojos como perdidos, no miraba nada pero pensaba en todo, tenia el pelo lacio y oscuro que caía como finos hilos cubriéndole parte de la cara bajo una boina tejida, su ropa era extraña tenia un abrigo de lana que me hizo pensar en los abrazos de mi madre, nada en ella combinaba pero aun así, el conjunto que ella era era maravilloso como nada en mi vida lo había sido, sentí la necesidad física de que ella debía pertenecerme, ella tenia que salvarme yo sabia que ella podría salvarme solo necesitaba una razón para hablarle y luego seria mía y de nadie mas no me importaba si tenia esposo, hijos o madre, ella seria de mi pertenencia y yo lo sabia. Salí de mi ensimismamiento cuando su boina cayo a mis pies eso era todo lo que necesitaba, ahora el destino estaba escrito- tome la gorra entres mis dedos y corrí a desvolverselo a la extraña criatura que parecía no percibir su falta.
-¡Olle tu, hey tengo tu boina!- grite mientras recuperaba el aire, después de todo no se puede fumar durante veinte años y salir impune, ahora mis pulmones me pasaban la cuenta.
Entonces me miró y mi mundo entero se desvaneció, deje de creer que Dios existía deje de amar a mi madre, entendí que Shakespeare nunca tuvo la razón cuando hablaba de amor por que esto que sentí no se pudo describir con palabras.
Se detuvo y me espero oí como me daba las gracias mientras tomaba la gorra de entre mis dedos mientras de forma demasiado rápida, tanto que me costaba entender que decía, me contaba que esa gorra se la había dedo su abuela antes de morir, , levanto la vista y me sonrió y me beso en la mejilla. Me costo cerca de veinte segundos encontrar las fuerzas y las palabras para invitarla a tomar un café. -Claro se lo debo usted salvo mi boina favorita y ahora es mi turno de entretenerlo durante un par de horas ehh... ¿como me dijo que se llamaba?-contestó.
-No se lo he dicho, mi nombre es Roberto Santibañez un gusto en conocerla- dije mostrando todos los modales que sabía
Igualmente, soy Laura Valenzuela- me dijo con una sonrisa
Entonces caminamos por las calles de Santiago mientras nuestro cabello se empapaba con la llubia que hasta ese momento no había notado.
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