20- de septiembre –aeropuerto Malpensa Milán, Italia
Después de hablar con Alexander ayer decidimos que el se quedaría en Milán buscando conexiones mientras yo viajaría a Londres a investigar sus vínculos personales, posibles enemigos y a personas a las que les convenga la desaparición de la señorita Gray.
En esta época el aeropuerto siempre esta abarrotado de personas que vienen a disfrutar los desfiles de moda, fotógrafos, paparazzi, y toda clase de personas se presentan a este circo de flashes y falsas sonrisas.
Es extraño salir del país, no lo hacia desde hace cerca de dos años, fue cuando todo sucedió, después de ese viaje ya nada seria lo mismo. De alguna forma pensé que nunca mas tendría que tomar un avión, solo lo había hecho la vez anterior porque era una ocasión especial algo que solo sucede una vez en la vida y ahora me encuentro aquí en el mismo asiento que ocupe hace tan solo dos años, claro que ahora estoy solo y ya no hay alguien que calme mi miedo a los aviones, pero es necesario hacerlo, de otra forma jamás encontrare a Lara Gray. Además con ese maldito detective siguiéndome los pasos es imposible trabajar, lo mejor es alejarme lo mas posible de él, hay algo en Bone que me dice que no debo confiar en el, quizá es solo un instinto pero prefiero no arriesgarme, esto es muy importante para ser descuidado. Aunque él llegará tan solo unos días después de mi, ocupare el tiempo lo mejor posible.
Ya han pasado tres horas, el avión esta caliente y tengo una sensación punzante en mi cabeza, como siempre los aviones me han causado una sensación de asco, realmente odio los aviones, el viaje solo dura un par de horas eso me consuela bastante. Son cerca de las diez de la noche y una azafata se detiene a mi lado.
- Puedo ofrecerle algo Señor, un refresco o algo para comer- Dijo con amabilidad aun cuando su voz se notaba realmente cansada.
- He si un whisky en las rocas estaría bien necesito relajarme, los aviones me ponen los nervios de punta – le respondí.
Muy bien Señor, entonces un whisky será – dijo y luego se fue con un rastro de sonrisa en los labios.
Al llegar a Londres eran cerca de las doce de la noche, tome un taxi y me dirigí al Park Plaza Westminster Bridge , donde el Señor Gray había reservado una habitación tan solo una horas antes, era un Hotel demasiado elegante para mi, la gente iba de un lado para otro jóvenes hombres con mujeres exuberantes, familias completas, parejas peleando, hombres en traje hablando por celular, aun a esta hora la gente parecía demasiado agitada, el ambiente se tornaba más extraño a cada segundo, parecían una especie de trance.
Luego de que me registre en el hotel me dirigí a mi habitación, era en el piso quince, cuando abrí la puerta me sorprendí de lo ostentosa de la habitación la pared frontal estaba completamente cubierta por vidrio y daba una maravillosa vista al Big Ben fue una vista sorprendente casi como estar suspendido sobre el Tamesis, viendo directamente a el parlamento, me acerque a la ventana para tener un mejor imagen de esta ciudad que parece suspendida en el tiempo y al la vez se moderniza a cada segundo, estuve mirando las luces de la cuidad por cerca de dos horas, luego cuando ya estaba cansado me dirigí a la habitación abrí las mantas sobre la enorme cama blanca y negra y dormí profundamente, después de todo mañana me esperaría un largo día.





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