Ando en bicicleta por el cerro San Cristobal, son casi las ocho y el sol empieza a ponerse. Llegue a la cumbre y mire hacia atrás para sacarle la lengua a Cristian quien unos minutos atrás me había retado a una carrera hasta la cima, los años de venir a este lugar me dieron la ventaja y termine ganándole. Corría el viento de primavera y el sudor en mi espalda provoco un escalofrío que me puso la piel de gallina.
Cristian baja de su bicicleta y me mira diciéndome sin decirme que lo acompañe al césped a descansar un poco. El me pone de buen humor aun cuando somos polos opuestos, tenemos esto en común, ambos adoramos correr y pedalear por este cerro y besarnos.
Camino con mi bicicleta a un lado y la dejo entrecruzada con la suya, corro hacia él que esta acostado en el pasto con ambas manos detrás de la cabeza, me subo sobre Cristian con ambas piernas a los costados, froto su cara con mis manos, tanteo la superficie de su piel intentando memorizar sus curvas y relieves finalmente sujeto sus orejas suavemente intentando que levante un poco la cabeza, él tiene los ojos cerrados, miro su rostro que siempre me pareció hermoso de una forma distante como si nunca pusiera atención. Miro sus labios y me acerco aun con la respiración agitada por la carrera y lo beso; se siente cálido y fresco a la vez como una bocanada de aire frío en el verano y como el calor de la estufa en invierno. Una gota de sudor recorre mi cuello y cae sobre el suyo, él se pone a reír aun con su boca sobre la mía y termina haciéndome cosquillas, rodamos por el pasto recién cortado y el termina encima mio y me dice al oído - Te amo Cristina. No se que pensar yo no estoy lista para esto, me quedo estupefacta y lo doy vuelta para yo quedar sobre el, para no sentirme prisionera bajo su cuerpo. El me mira con dulzura - Me quiero casar contigo, tranquila aun no, solo tenemos dieciocho, pero si algún día, quiero casarme contigo en esa iglesia sobre el cerro y quiero que bajemos el cerro juntos en bicicleta- dijo el claramente muerto de miedo.
Balbuceo algo consiente de que el no puede entenderme, me paro sobre mis pies buscando algo de equilibrio y casi sin darme cuenta corro hasta mi bicicleta, me subo en ella y me parece la tarea mas ardua de mi vida. Al fin logro sentarme sobre ella, pongo los pies sobre los pedales y bajo el cerro a toda velocidad, ansiosa de que el aire golpee mis mejillas, ansiosa de poder pensar con claridad.
Al principio no vislumbro nada, pedaleo como en piloto automático pero de a poco mis sentidos se empiezan a encender, primero siento en aroma de tierra mojada y el dulzor de los arboles y las flores a mis costados, luego siento el tacto de la bicicleta en mis manos y oigo el rumor de las hojas chocando en las cimas de los arboles por ultimo mi vista se aclara y logro ver la tierra suelta elevándose contra mi vehículo; los arboles altos altos a las orillas del camino, miro hacia atrás y veo a Cristian pedaleando con todas sus fuerzas y con la respiración entre cortada - Cristina detente - lo escucho decir a la vez que pierdo el balance del aparato, apretó el freno pero es demasiado tarde, antes de darme cuenta estoy en el suelo, sucia y con la rodilla cubierta de sangre.
Cristian llega a mi lado y no dice nada, me abraza fuerte y lloro sobre su hombro.
No quería hacerte llorar Cristina, perdón- Dice ahora el suave, arrepentido.
Eres un tonto Cristian- le contesto- No lloro por lo que me dijiste sino por que no pude ganarte la carrera.
Ya anocheció y las luces de la ciudad ponen marco a nuestro recién empezado futuro. Lo miro a los ojos y lo beso, es mi forma de decirle que lo amo.
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