Las escaleras del tren subterráneo son un buen lugar para conocer gente. Cada día me apoyaba sobre la barandilla a observar el flujo de gente pasando, algunos apresurados otros tranquilos con hijos o solos. Era fascinante ver las diferentes perspectivas que se transcurrían una tras otra y pensar que cada una de esas personas pensaban algo diferente, iban a un lugar diferente. Pasaba todos los días muy temprano a mirar, a veces llevaba el desayuno otras no, había algo en ese lugar que me atraía quizás eran los viejos y gastados escalones o la mujer que los limpiaba cada día; tal vez eran las expresiones de la gente cansada, con sueño aun en los ojos; los estudiantes con esa chispa de entusiasmo que difícilmente dura al pasar a la adultez; quizás todo lo anterior es solo una mentira y la única razón valida que encuentro es ella.
La veía cada mañana caminar uno a uno los escalones, algo ausente como quien piensa en que hará para el almuerzo. Me sentaba con una salchicha en las manos a verla pasar con sus gastados zapatos de charol, la veía con su uniforme de una escuela de monjas. No se cuanto tiempo pase viéndola, ahora el tiempo me parece algo muy subjetivo, quizás fueron dos años quizás mas. También la vi en sus años de universidad, caminando con sus amigas y con sus novios, algunas veces pasaba trasnochada con gruesas ojeras y un montón de libros bajo el brazo. Mas vueltas dio el reloj y la vi llorar sola en un escalón, una mano sosteniendo los libros y la otra apretando fuerte el vientre como si este fuera a irse volando en cualquier momento. Los días pasaban uno igual que el otro mientras se le hacia mas difícil bajar los escalones y su cuerpo cambiaba y sus pies se hinchaban y los zapatos se gastaban. Un día ya no volvió, me preocupe, pase todo el día esperándola y no llego y no volvió sino dentro de un mes. La vi cargar a un niño frágil en sus brazos apretando en la otra sus libros. Vi crecer al niño, lo vi erguirse y recorrer los escalones de la firme mano de su madre, lo oí hablar y contarle a su madre sus logros en la escuela, también la oí a ella regañarle cuando golpeo a un compañero de clases y cuando se escapó.
Los vi a ambos durante toda una vida, no me queda mas que decir la simple verdad y admitir que siempre quise conocerlos, pero fui un tonto o un cobarde no lo se. Jamas me atreví a darle la mano a mi hija cuando caía de las escaleras que la conocieron mejor que yo.
1 comentario:
Wn la amee ! no pense que fuera el papa :S me gusta como trabaja tu menteee (:
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